La guerra comercial es algo que llevamos escuchando meses pero no es un concepto nuevo, ya que se ha dado en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. La guerra comercial se puede definir como la imposición de medidas restrictivas al comercio entre naciones. Nace de la decisión unilateral de un país de restringir sus importaciones, seguida de medidas similares de los países exportadores afectados, como represalia. Pronto se convierte en una espiral de restricciones arancelarias que expande y termina perjudicando a la economía de todas las partes implicadas.

La polémica comenzó con el anuncio de EE.UU de imponer nuevos aranceles al acero y al aluminio, del 25% y 10% respectivamente. Estos se sumaron a los ya impuestos a lavadoras y paneles solares, que representan en total un 4,1% de las importaciones de EE.UU. A raíz de este primer movimiento de EE.UU. empezó a crecer la tensión y la imposición de medidas en uno y otro país. Sin ir más lejos China estableció aranceles del 25% a las importaciones de aviones, automóviles y soja americanos. Durante esos días EE.UU. amenazó a China con imponer aranceles a productos que representaban importaciones por valor de 50.000 Mn$. Estas medidas han entrado en vigor el 6 de julio (34.000 Mn$) y el 23 de agosto (16.000 Mn$).

¿Cómo afecta la guerra comercial a la Economía?

Consecuencias de la imposición de aranceles a los productos dentro de una economía local:

  1. Aumenta la Inflación: los aranceles encarecen los precios, desde el fabricante hasta el consumidor final.
  2. Disminuye la competitividad: desincentiva la innovación de las empresas locales.
  3. Aumentan las represalias de los países que reciben esas medidas, pudiendo establecer sus propios aranceles.
  4. Sin embargo, a corto plazo puede favorecer el empleo de las industrias locales que están siendo protegidas.

Efecto que tiene en los mercados internacionales:

  1. Aumenta la volatilidad y la incertidumbre: las Bolsas, principales afectadas.
  2. China se desacelera: al tener que pagar más por distribuir sus productos.
  3. Disminuye el crecimiento de países emergentes, gran parte de ellos productores de materias primas.
  4. Reducción en la producción de sectores clave, como son los industriales, los semiconductores o los de consumo.
  5. Aumentan los activos refugio, como el Oro, el Franco Suizo o el Yen Japonés, así como la deuda de países con mejor rating crediticio.
  6. Sin embargo, esto puede beneficiar a empresas poco expuestas al comercio exterior.

 

Así pues, habrá que seguir atentos a las próximas semanas sobre lo que pueda acontecer en cuestión de reuniones bilaterales entre EEUU y China o posibles nuevas medidas por parte de alguno de ellos. Pero lo que está claro es que, a la larga, cualquier guerra comercial no es beneficiosa para ningún país, ya que, por muy poderosa que sea su economía, el hecho de «aislarse» del resto del mundo jamás puede ser beneficioso.